Tentativas 50

La literatura no nace de la vida, sino de otras literaturas. La realidad es un pretexto; lo esencial ocurre en el lenguaje. La fuente de la literatura son las palabras de los libros. Un libro debe ser un objeto estético autónomo. Mi misma enfermedad no es otra cosa que una forma de imaginación verbal disciplinada. Los escritores no deben trabajar con el mundo, sino dentro de una biblioteca.

La vida es vulgar y previsible. Vil y utilitaria. Lo que importa es la organización del discurso, la densidad del lenguaje, la capacidad de crear una estructura que no dependa de la experiencia inmediata. La literatura se alimenta de sí misma ¿Vivir? Que vivan mis criados.

Tentativas 49

La vida literaria no es una profesión, no es ni pose ni figuración, sino una forma de aristocracia. No depende de premios ni de academias, ni de grupos ni de generaciones, sino de la fidelidad a un canon. Si el escritor debe vivir en un desierto de vulgaridad, lo hace con la dignidad de quien sabe que la excelencia es su única patria. Leer, releer, anotar, recordar: eso constituye una vida. Lo demás —la actualidad, el ruido, las habladurías— pertenece al orden de lo efímero.

Mi literatura no nace de la terraza de un café, ni entre el rumor de la ciudad, ni de la observación volandera. Si escribir consiste en mirar bien, yo solo me miro a mí mismo. Cada gesto cotidiano —una conversación, una cerveza, una tarde de verano— no la sé destilar en literatura. La fuente de mi literatura es la literatura y no la vida.

Llovet: “La cultura literaria es una conversación ininterrumpida con los muertos. Quien lee entra en una sociedad distinta, regida por otras jerarquías y otros tiempos. La vida literaria no se improvisa: requiere disciplina, memoria, y una cierta renuncia a la actualidad. No es solo una acumulación de lecturas, sino la formación de un gusto. Y el gusto, cuando es verdadero, implica siempre exclusión: elegir es dejar fuera”.

Tentativas 48

Polidoro Virgilio (Polydorus Vergilius; Urbino, 1470–1555) fue un humanista, sacerdote y erudito del Renacimiento italiano. Su obra combinó erudición clásica y pensamiento cristiano y tuvo gran influencia en la historiografía y cultura humanista inglesa y europea.

Tras décadas en Inglaterra, regresó finalmente a Italia, donde murió en 1555. Su obra quedó como testimonio de un momento clave: cuando Europa comienza a pensarse históricamente a sí misma, no solo como heredera de la Antigüedad, sino como proceso.

Polidoro Virgilio es, en esencia, un arqueólogo de la civilización: no describe tanto lo que el hombre es, como cómo ha llegado a ser lo que es—y, en ese recorrido, deja entrever ya los primeros signos de decadencia que tanto fascinarán a los siglos posteriores.

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“Todas aquellas cosas que ahora vemos establecidas con pompa y gravedad —las leyes, los ritos, las magistraturas— tuvieron en su origen una simplicidad casi rústica. Pero, con el paso del tiempo, lo que nació para la utilidad se convirtió en aparato, y lo que servía a la vida comenzó a servir a la vanidad. Pues los hombres, incapaces de contentarse con lo suficiente, añadieron ornamentos a las costumbres, sutilezas a las leyes, y solemnidades a los actos más comunes; de modo que, donde antes había uso, ahora hay representación. Y así, lo que fue instituido para gobernar la vida ha acabado por encubrirla.”

“Las palabras, que al principio fueron signos fieles de las cosas, se han vuelto instrumentos de artificio. Porque los antiguos hablaban para entenderse; los modernos, en cambio, hablan para admirarse unos a otros. Y de ahí nace que el lenguaje, en vez de ser vehículo de verdad, se convierta en velo que la oculta; y cuanto más pulido parece, menos sustancia contiene.”

Citas extraídas de: Vergil, Polydore. «Beginnings and Discoveries: Polydore Vergil’s De inventoribus rerum. An Unabridged Translation and Edition with Introduction, Notes and Glossary». Edited and translated by Beno Weiss and Louis C. Pérez. Leiden–Boston: Brill, 1997 (reimp. 2024). Series: Bibliotheca Humanistica & Reformatorica, vol. 56.

Tentativas 47

Estuve hojeando esta tarde a algunos autores queridos. Por ejemplo a Vicente de Beauvais, fraile dominico, teólogo y enciclopedista francés, considerado uno de los grandes compiladores del saber medieval. Es autor del monumental «Speculum maius», una de las primeras enciclopedias sistemáticas de Occidente y una referencia intelectual del siglo XIII.

El «Speculum maius» no es una obra de invención, sino de recepción organizada. Su mérito no reside en la originalidad —categoría ajena al espíritu del siglo XIII—, sino en la capacidad de disponer el saber heredado de tal modo que pueda ser transmitido como una totalidad inteligible. Vicente no piensa en términos de creación individual, sino de continuidad intelectual: su obra es un punto de convergencia donde la tradición se hace visible como sistema. En este sentido, el enciclopedista medieval no añade tanto conocimiento como forma al conocimiento existente, y esa forma es ya, en sí misma, una contribución decisiva.

Para Curtius, las grandes compilaciones medievales, como el «Speculum maius», pertenecen a una tradición en la que la literatura no se concibe como expresión individual, sino como archivo de la memoria cultural. Vicente de Beauvais no escribe para distinguirse, sino para conservar. Su obra es una vasta red de citas en la que cada autoridad encuentra su lugar dentro de un orden superior. Lo que a la sensibilidad moderna puede parecer monotonía o acumulación indiscriminada es, en realidad, una forma de fidelidad: fidelidad a la idea de que el saber humano es esencialmente transmisible y que su valor reside en su permanencia.

Según Le Goff, Vicente de Beauvais encarna una de las ambiciones más características del siglo XIII: la de reunir el mundo en un libro. Su «Speculum» no es solo una suma de saberes, sino un intento de domesticar la proliferación del conocimiento mediante el orden. En una época en la que las escuelas y las universidades multiplicaban los textos, la enciclopedia aparece como una respuesta a la ansiedad de dispersión. Vicente ofrece al lector medieval la ilusión —y en parte la realidad— de que el universo puede ser abarcado, reflejado y, por tanto, comprendido en su conjunto.

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Sobre la abundancia de libros nuestro autor-inspirándose en Séneca- escribe:

“Multitudo librorum non semper scientiam parit, sed saepe confusionem; nisi lector habeat iudicium quo discernat quid sit eligendum, quid vitandum.”

“La multitud de libros no produce siempre conocimiento, sino a menudo confusión; a menos que el lector tenga juicio para discernir qué debe elegir y qué evitar.”

Y sobre la función de compilar libros (la verdad es coral):

“Compilare ex multis utilius est quam novum ex se ipso fingere, si fideliter fiat: quia veritas magis invenitur in testimoniis multorum quam in opinione unius.”

“Compilar a partir de muchos es más útil que inventar algo nuevo por uno mismo, si se hace con fidelidad: porque la verdad se encuentra más en el testimonio de muchos que en la opinión de uno solo.”

Aunque recuerdo especialmente este pasaje:

“Legendum est cum iudicio et ordine, ut non solum multa percurrantur, sed utiliter retineantur. Nam indiscreta lectio magis confundit quam instruit.”

“Debe leerse con juicio y orden, de modo que no solo se recorran muchas cosas, sino que se retengan con provecho. Pues la lectura indiscriminada confunde más de lo que instruye.”

NOTA BENE: Vincentius Bellovacensis, «Speculum doctrinale», lib. XVII, in «Speculum quadruplex», Graz, 1964–1965 (repr. Douai, 1624)

Tentativas 46

«Algunos, apartándose de la recta doctrina, se dejan llevar por tal ansia de novedades que no sólo desprecian la tradición teológica, sino que también ponen en peligro los fundamentos mismos de la fe […] Jamás quizá se ha dado tal confusión de ideas, tal perturbación de las inteligencias, como la que hoy se observa en el mundo; de donde se sigue una cierta inestabilidad universal de las cosas, que afecta incluso a los principios más fundamentales», Humani Generis, Pío XII

«Los partidarios del modernismo se ocultan en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia, tanto más peligrosos cuanto menos son percibidos. No hay parte de la doctrina católica que no intenten corromper; no hay verdad que dejen intacta. De aquí resulta que todo el edificio de la fe queda destruido desde sus cimientos», Pascendi Dominici Gregis, Pío X

«De estas opiniones falsas y perversas se sigue la ruina de la sociedad civil, la perturbación del orden público y la destrucción de toda autoridad. Se pretende apartar completamente a la sociedad humana de la influencia de la religión y de la Iglesia, lo cual no puede sino precipitarla en la confusión y en la corrupción», Quanta Cura, Pío IX

«La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso; a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. Sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso global puede contribuir a crear riesgos de daños desconocidos hasta ahora y nuevas divisiones en la familia humana», Caritas in Veritate, Benedicto XVI

Tentativas 45

Salviano de Marsella (c. 400-470), en su obra «De gubernatione Dei» (Sobre el gobierno de Dios), incluida en la Patrologia Latina de Migne (PL 53), ofrece uno de los testimonios más crudos sobre la corrupción, la miseria y la decadencia moral del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, justificando las invasiones bárbaras como un castigo divino.

«De gubernatione Dei», Libro III, 10-11:

«O bona nostra, quae nos perdunt! (…) At nunc quid agimus? Ad ecclesias, ut scitis, confluimus, immo nonnunquam confluimus. (…) Et quid hoc est? Deum enim patrem veneramur, sed opera nostra Deum non venerantur. (…) Illi enim [bárbaros] in iniquitate sunt, sed non in scelere; nos in scelere, sed non in iniquitate. (…) Romanus orbis ruit et tamen ridet».

«¡Oh bienes nuestros, que nos pierden! (…) Pero ahora, ¿qué hacemos? Confluimos a las iglesias, sí, a veces confluimos. (…) ¿Y qué es esto? Veneramos a Dios como padre, pero nuestras obras no veneran a Dios. (…) Ellos [los bárbaros] están en la iniquidad, pero no en el crimen; nosotros en el crimen, pero no en la iniquidad. (…) El mundo romano se derrumba y, sin embargo, ríe». [De gubernatione Dei, III, 10, 11]

En Gildas, «De Excidio Britanniae» (en Patrologia Latina vol. 69), leemos:

«Reges habet Britannia, sed tyrannos; iudices habet, sed impios, pastores habet, sed imprudentes; sacerdotes habet, sed stultos. Omnes declinaverunt, simul inutiles facti sunt; non est qui faciat bonum, non est usque ad unum. Principes eius persecutores, socii furum; omnes diligunt munera, sequuntur retributiones. Iustitiam non faciunt, pupillo non iudicant, et causa viduae non ingreditur ad eos».

«Britania tiene reyes, pero son tiranos; tiene jueces, pero impíos; tiene pastores, pero imprudentes; tiene sacerdotes, pero necios. Todos se han desviado, todos se han vuelto inútiles; no hay quien haga el bien, no hay ni uno solo. Sus príncipes son perseguidores, compañeros de ladrones; todos aman los dones, siguen las recompensas. No hacen justicia, no defienden al huérfano, y la causa de la viuda no llega hasta ellos».

Recomiendo la lectura de las obras de San Pedro Damián (Sancti Petri Damiani), incluyendo sus cartas (Epistolae) Se encuentran principalmente en los volúmenes 144 y 145 de la Patrologia Latina (PL) editada, como es sabido, por Jacques-Paul Migne. En el cardenal benedictino del siglo XI encontramos paralelismos respecto a la incuria y decadencia de nuestro tiempo.

El Papa León XIII, en su encíclica «Arcanum Divinae» (1880) y especialmente en «Etsi Nos» (1882) habla de la corrupción moral de su tiempo. Denunció con firmeza la crisis moral y social de finales del siglo XIX, enfocándose especialmente en la destrucción de la familia, el matrimonio y la influencia de sectas y corrientes laicistas. Advierte que por el «ejemplo de los maestros, las mentes de la juventud se corrompen y se asesta un tremendo golpe a la religión y se extiende la perversión de las costumbres». Y también señala la «destrucción del orden público» y el «derrocamiento de todo poder legítimo» al abandonar los principios religiosos.

***

A mi juicio, mutatis mutandis, vivimos hoy una completa tiniebla del espíritu. Nos hemos quedado sin capital cultural, sin orientación, sin proyecto, sin sabiduría, sin cultura, sin civilización. Basta observar el estado de la enseñanza, el empobrecimiento del lenguaje, la desaparición de los referentes comunes. La decadencia ya no es un diagnóstico: es una experiencia cotidiana. La ignorancia ha dejado de ser un accidente para convertirse en norma. Ya no avergüenza, ya no se disimula: se exhibe con orgullo. Y cuando la ignorancia se vuelve prestigiosa, el pensamiento se retira.

Concluyamos con el sabio profesor Llovet: «Una sociedad que no considera necesario conocer su tradición, ni leer a sus clásicos, ni comprender su lengua, es una sociedad que ha renunciado a comprenderse a sí misma. Puede seguir funcionando, pero ya no sabe lo que es».

Tentativas 44

El Dr. Gracia es un importante botanista y entomólogo, por lo que sabe que la planta no es una masa homogénea, sino un sistema de órganos que se desarrollan según leyes estrictas; cada tejido tiene su función, cada célula su destino. La forma visible no es sino la expresión externa de una organización interna rigurosamente determinada, en la que nada es arbitrario. La forma de un organismo no es un accidente ni un mero resultado de la historia, sino la consecuencia necesaria de fuerzas físicas que actúan en él. La naturaleza no improvisa: construye según leyes que pueden expresarse en términos matemáticos. Las plantas no poseen cerebro, pero resuelven problemas complejos: detectan gradientes, reconocen parientes, optimizan recursos. Su inteligencia no está localizada, sino difundida en toda la estructura.

Cuando el insecto actúa, no parece buscar ni dudar: ejecuta. Sus movimientos tienen una exactitud que excluye el error en lo esencial. Y, sin embargo, basta alterar una condición secundaria para que toda la serie de actos se desorganice; lo que parecía inteligencia revela entonces su naturaleza de mecanismo extremadamente preciso.

Gracia es un poeta: estudia el mosaico de estructuras diminutas que producen color, reflejo y textura. Particularmente yo no veo ninguna contradicción entre el científico y el artista; ambos buscan el mismo tipo de placer, el de la exactitud. La emoción estética se encuentra en el descubrimiento de un detalle preciso.

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Lamas es un helenista. Los griegos no fueron un pueblo como los demás; fueron los descubridores de la mente humana. En su literatura encontramos, por primera vez, la exploración consciente de las emociones, de los conflictos morales, de la relación entre el hombre y el destino. La cultura griega no es un conjunto de obras muertas, sino una fuerza viva que ha modelado la conciencia europea. En ella se realiza por primera vez la idea de una formación del hombre en cuanto hombre, de una educación que no se limita a la utilidad, sino que aspira a la forma.

El hombre griego no nació con una conciencia plenamente formada de sí mismo; la adquirió lentamente, a través del lenguaje y de la poesía. La historia de Grecia es, en este sentido, la historia del descubrimiento del espíritu.

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Moncho es editor. El editor debe ser, ante todo, un lector extraordinariamente atento. Su deber no es imponer su voz, sino descubrir la del autor y ayudarle a realizarla plenamente. Hay momentos en que debe sugerir, otros en que debe resistir, y otros en que debe desaparecer por completo. El buen editor no escribe el libro: hace posible que el libro exista.

El editor debe ser capaz de reconocer la calidad allí donde aún no se ha manifestado plenamente. Debe poseer una sensibilidad para lo que puede llegar a ser, no solo para lo que ya es. Su tarea consiste en acompañar un proceso, no en juzgar un producto terminado.

Y los tres son mis amigos y maestros. Hoy tertuliaré con ellos, arrastraré mi voluntad hacia la suya, no como sumisión, sino como camaradería. Me acompañará -valga el tópico- el tono de su voz, el brillo de sus ojos, la sonrisa amable y el gozo blanco de la compañía. Ahondaremos en palabras de caoba de biblioteca y frescas como mañana en los cañones del Sil. La amistad no consuela: afina.

Tentativas 43

Perdió el Madrid.

Bueno, como dijo Heidegger en «Sein und Zeit»: «Das Spiel ist so: Im Gewinnen wie im Verlieren eröffnet sich je eine Weise des Seins», Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1927, § 27, S. 145

***

Como dijo Juvenal de un atleta: «“Peior est quam ad cacandum ire».

En: Juvenal, «Saturae», Satira VI, vv. 420–421, ed. D. R. Shackleton Bailey, Cambridge (MA): Harvard University Press, 1991 (Loeb Classical Library)

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El partido me inspiró un versito en catalán:

«En Mbappé no juga a pilota: la pilota el pateja a ell.
Quan la toca, la caga; i quan no, també».

Tentativas 43

Perdió el Madrid.

Bueno, como dijo Heidegger en «Sein und Zeit»: «Das Spiel ist so: Im Gewinnen wie im Verlieren eröffnet sich je eine Weise des Seins», Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1927, § 27, S. 145

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Como dijo Juvenal de un atleta: «“Peior est quam ad cacandum ire».

En: Juvenal, «Saturae», Satira VI, vv. 420–421, ed. D. R. Shackleton Bailey, Cambridge (MA): Harvard University Press, 1991 (Loeb Classical Library)

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El partido me inspiró un versito en catalán:

«En Mbappé no juga a pilota: la pilota el pateja a ell.
Quan la toca, la caga; i quan no, també».

Tentativas 42

Dejémonos de demonios y hablemos del estilo de Nabokov, un artificio de precisión extrema, donde cada detalle parece dispuesto no solo para significar, sino para deleitar y engañar al lector simultáneamente. Un estilo que exige complicidad, no mera comprensión.

Hablemos de Borges, que escribe con una economía engañosa: bajo la aparente simplicidad de su estilo se oculta una erudición laberíntica que transforma cada página en una red de alusiones. Su estilo no busca representar el mundo, sino mostrar cómo el mundo puede ser reducido a estructuras narrativas recurrentes.

Y de Ruskin, autor donde la prosa adquiere una cualidad profética: las descripciones no son pasivas, sino actos de juicio moral revestidos de esplendor retórico.

Y de Rulfo, que escribe desde el silencio de los muertos; un estilo que es una reducción extrema donde cada palabra parece haber sido arrancada al vacío.

Ese es mi mundo y no el de la descomposición esquizofrénica. En el estilo literario de estos enfermos lo que llama la atención no es solo la ruptura del sentido, sino una especie de lógica privada que organiza el discurso desde dentro. Las palabras no desaparecen: cambian de régimen. Dejan de ser instrumentos compartidos y pasan a ser signos que obedecen a conexiones internas, a menudo inaccesibles para el lector. Un estilo que oscila entre la fragmentación y una precisión casi obsesiva.

Tiziano es mi verdadero mundo: La carne, los cielos, los paños: todo parece tener espesor interior, como si la pintura hubiera sido cultivada más que aplicada. Hay una gravedad en Tiziano que lo separa de los otros venecianos: su belleza no deslumbra, persiste.

Tintoretto es mi verdadero mundo: En sus lienzos, la luz no ilumina simplemente las figuras, sino que las atraviesa, las precipita hacia el espectador. Las composiciones parecen concebidas en un relámpago; no están construidas, sino lanzadas. Hay en él una violencia visionaria: las figuras no posan, acontecen.

Bach es mi verdadero mundo: Un acorde, suspendido en lo alto de la bóveda, abre el espacio como si la piedra misma hubiera sido convocada a vibrar. No es música que avance: es música que desciende. Cada arpegio cae como una cascada oscura, iluminada por relámpagos breves que revelan, por un instante, la arquitectura invisible del sonido.

Mi mundo no son alucinaciones, delirios ni crisis de pánico. Es Grecia y Roma, la música y los grandes pilares de la cultura.

“Genuine poetry can communicate before it is understood”, Eliot.